martes , 21 noviembre 2017
Inicio > Editorial > «No estáis solos» por Miguel Navarro
Funeraria La Luz

«No estáis solos» por Miguel Navarro

Con tristeza conocía ayer que la Guardia Civil suspendía, también en Peñaranda, los actos con los que celebran su fiesta, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Pilar. La situación en España se complica y mucho después de que la sinrazón de la desigualdad y la insolidaridad ,que promueven los independentistas, llenara las calles de Cataluña dividiendo a la sociedad catalana, y señalando y marcando a quien no piensa como unos pocos.

Ayer ya en Salamanca y en otras muchas ciudades, miles de personas se concentraron para defender la actuación de la Guardia Civil y la Policía Nacional que mandados por una orden judicial cumplieron con su deber. En otros países nadie se atrevería a saltarse la ley pero aquí la izquierda retrógrada piensa que está por encima de las normas que nos hemos dado.

Y luego están los del diálogo. Os imagináis alguien con su coche por una carretera a 200 km por hora… y tranquilos… no le detengáis… esperar… que hay que dialogar… supongamos que maltratan a una mujer, alentado además por un grupo de energúmenos, y sale uno y dice: esperar… diálogo con él, con el maltrador,…

En Peñaranda probablemente sea complicado organizar alguna muestra de apoyo a las fuerzas y cuerpos de seguridad, pero al menos con nuestras palabras: solidaridad y apoyo a quienes tienen el deber de mantener la ley de todos. No estáis solos. 

Miguel Navarro

🔊 Escucha el editorial del director de COPE Peñaranda, Miguel Navarro, al inicio de LA MAÑANA EN PEÑARANDA ▶️

Un comentario

  1. Carta abierta a Miguel.

    Buenos días.

    En primer lugar, me gustaría comenzar felicitándote, Miguel. En un momento en que la prensa de este país parece cualquier cosa menos un estamento serio que pretende dar cobertura imparcial, con titulares esperpénticos, me ha alegrado mucho ver que en las columnas de opinión de Cope Peñaranda habéis tenido espacio para alguien que justifica la violencia denominándola “fuerza”, para alguien que se solidariza con la policía y para alguien que se solidariza con el pueblo y lamenta la violencia antes mencionada. Gracias.

    A pesar de esto, no puedo guardar silencio ante este artículo de opinión. Y, desde el respeto y la cortesía, no he podido menos que responder. Comentas en tu artículo que en otros países nadie se atrevería a saltarse la ley. Esto no es así. Gracias a saltarnos la ley en 1789 (y cometiendo muchas burradas, para qué engañarnos), descubrimos que podíamos gobernarnos sin un rey. El motín ante el impuesto del té precedió a la independencia de EEUU. Gracias a la izquierda retrógrada que violó leyes, se consiguieron derechos para los obreros, a través de huelgas y manifestaciones ilegales. Violando leyes se acabó con la esclavitud. Admiramos a aquellos alemanes que, saltándose las leyes de su régimen nazi, salvaron la vida de niños, mujeres y judíos. Las mujeres tenían prohibido votar hasta hace cuatro días. El colectivo LGTB ha dado incluso sus vidas hasta hace dos. En este país, la izquierda ha reconocido derechos a estos dos colectivos vulnerables en los últimos años después de décadas sufriendo (y siguen sufriendo) y muriendo por ser mujeres, o pertenecer al colectivo LGTB. La desobediencia civil es legítima. Pensadores como Luther King, Gandhi y por supuesto Thoreau reconocen esta desobediencia civil. Y gracias a esta desobediencia civil acabamos con muchas desigualdades. La ley está para cumplirla, sí. Y para desobedecerla cuando resulta injusta. Y no es necesario ser independentista para pensar así. Quiero pensar que el día de mañana, cuando pelee por mis derechos saltándome leyes, nadie se amparará en una Constitución aprobada hace cuarenta años bajo la amenaza del franquismo y con la connivencia de ministros franquistas, como si de un texto sagrado se tratase.

    La desobediencia no es solo un derecho civil. La desobediencia es un derecho para todos. Dices en tu artículo, que Guardia Civil y Policía Nacional cumplían con su deber: obedecer un mandato judicial. Puedo entender la necesidad de justificar su actuación, pero este tema no se habla por primera vez aquí en España. La defensa de Nuremberg no está aceptada como un eximente de responsabilidad (responsabilidad, que no culpabilidad, que parece que en este país solo queremos buscar culpables a los que cargarles el muerto en lugar de responsabilizar proporcionalmente a cada uno). Esa policía que “obedeció” podía haber utilizado otros métodos a su alcance. La violencia es un recurso de la ineptitud. Y si en último caso hay que elegir entre que alguien deposite una papeleta (ilegal, cuyo resultado no se va a reconocer, y estando dicha persona indefensa) y que se la apalee, pues mira, prefiero que deposite la papeleta.

    Por supuesto que hablamos de diálogo. Diálogo entre los responsables de esta situación (desde el señor Puigdemont hasta el señor Mariano Rajoy, pasando por el ciudadano Felipe de Borbón). No amenazas, no chantajes, no más coacciones. Porque no estamos en el s. IX. Estamos en el s. XXI, y a nuestros hijos, sobrinos, nietos, les explicamos que pegar a otros niños porque no hacen lo que tú quieres está mal. Y luego en casa nos oyen corear incitaciones a la violencia como “a por ellos”, “se lo merecían por estar ahí”, “hay que llevar los tanques y verás cómo aprenden”. ¿En serio nadie se da cuenta de que esto está MAL? No mal, no. MAL, con mayúsculas. Ningún Guardia Civil me ha pegado nunca con la porra por traspasar un límite de velocidad. De hecho, una vez al año suele salir algún jugador de fútbol al que pillan a velocidades realmente peligrosas y temerarias, y nadie dice: “Le tenían que haber partido las piernas”. ¡Y no lo dicen porque es una burrada! ¡Porque se supone que somos personas civilizadas! Más indignante es aún el ejemplo de la mujer maltratada. Sobre todo en un país en el que para denunciar un maltrato en RRSS, como se ha visto estos días, es necesario que salga un hombre a corroborar las palabras de 4 o 5 mujeres. Un país donde esa policía pregunta a la mujer cómo iba vestida. Un país donde se quita hierro al maltrato cuando la mujer intenta denunciar. Un país donde las mujeres que denuncian, después pagan el pato. No olvidemos a Ana Orantes, quien fue asesinada a pesar de denunciar a su marido por maltrato, obligada a convivir con él, después de exponer su situación ante toda España. No hay noticias de hombres apaleados por la policía por maltratar mujeres. Más bien al contrario, hay noticias de mujeres que denunciaron ante la policía y después fueron asesinadas. Nos desayunamos demasiado frecuentemente con noticias sobre mujeres acosadas, que la prensa nos vende como demostraciones de amor. Pero no he visto ninguna noticia o vídeo donde la policía maltrate a un agresor aquí en España. Es la proporcionalidad. No puedes apalear a una persona que solo lleva una papeleta (ilegal, sí, lo sabemos. Hay otros que llevan una bellota y no los apalean, ni falta que hace) y luego decir que ha sido algo proporcional.

    Y antes de que nadie me diga: es que les insultaban, les provocaban. Es que les tiraban piedras. Es que les escupían. Quiero creer que vivo en un país donde la autoridad formada para ejercer la fuerza, tenga la piel dura y sepa encajar situaciones como adultos, y responder con proporcionalidad. Quiero creer que personas preparadas, en forma, equipadas con sus escudos y sus cascos, tengan medios y formación para controlar la situación. Me asusta que alguien que saca una porra o unas pelotas de goma ante unos insultos, saltándose pasos previos, esté justificado en España. Me asusta que un juez ordene ejercer violencia, y nadie se escandalice. Me asusta que una comunidad autónoma quiera independizarse de mi país, y en lugar de demostrarles que queremos que se queden y apoyarles con una campaña por el No, prefiramos corear “a por ellos”. Me asusta vivir en un país donde por ejercer un derecho de autodeterminación y democracia (que sí, que era ilegal, y lo sabían hasta ellos) te puedan pegar y maltratar. Me asusta que les enseñemos a nuestros niños y jóvenes que la violencia es legítima para aplastar cualquier ilegalidad y que “te pego porque te quiero” es una premisa válida. Y quiero creer que no estoy solo.

    Sé que habrá alguien que cuando me lea (si es que ha llegado hasta aquí), que dirá: “Ya irás a la Policía cuando necesites algo, ya.” Por supuesto. Esto no es una cuestión de blanco o negro. Se puede estar agradecido a los Mossos por su actuación durante el atentado de Barcelona (donde por cierto, usaron la violencia matando a cuatro personas que estaban intentando asesinar a cientos de españoles) y a la vez, criticarlos por la represión que llevaron a cabo en las manifestaciones del 15M. Se puede felicitar a la Guardia Civil y a la Policía Nacional cuando hacen cosas buenas y criticarlos cuando hacen cosas mal. Y en este caso lo han hecho muy mal, y después, han emprendido una huida hacia adelante. Si no son capaces de ver qué han hecho mal, entonces los españoles tendremos que gritarlo. Y desde luego, me parece una decisión prudente por parte de los cuerpos de seguridad del Estado el cancelar este año las actividades de su festividad. Primero limpiemos la casa y luego daremos una fiesta.

    Por último, sí, estoy absolutamente en contra de que se acose a policías y guardias civiles en cualquier punto de España. O que se acose a sus familiares. Porque uno se puede indignar ante las injusticias independientemente de quien las cometa. Y eso no resta autoridad al resto de la opinión. Porque la violencia no es el camino a ninguna parte. Lo que puede llevarnos a buen puerto, si es que hay puerto al que llegar, es el diálogo, la empatía, y la solidaridad.

    Muchas gracias por leer.

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*

Herrera en COPE