jueves , 20 septiembre 2018
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Roberto Abalos: “Con la llegada de los dominicos a las Villas se crearon muchas expectativas”

El sacerdote dominico, Roberto Abalos, está durante estos días en la comunidad de Babilafuente, de la  que fue uno de los fundadores de la casa allá por 1980. Actualmente trabaja como misionero en una comunidad indígena en Perú. Precisamente, coincidiendo con sus visita, se ha preparado una exposición de fotografías titulada «Mirando la amazonía peruana» que se puede visitar en el salón de actos del Ayuntamiento de Villoria.

COPE: ¿Fuiste uno de los fundadores de esa casa de la comunidad de dominicos en Babilafuente? Qué recuerdas de aquellos años.
Roberto Abalos:
Recuerdo que visitábamos los fines de semana un grupo de estudiantes a la zona de Pitiegua. Hacíamos un poquito de pastoral, en las escuelas, animando un poquito las misas. Y cuando me ordené, me llamó Don Mauro, entonces el obispo, y me dijo “Oye, Roberto, por qué no os encargáis de Las Villas, que sería muy interesante, ya que los sacerdotes son mayores”. Y le digo, “mire Don Mauro, yo tengo pensado irme ahora a misiones”. “No, hombre, que esto es una buena misión, mira ver”. Entonces, yo sabía que Quintín, que vivía en Madrid, en San Blas, estaba con intenciones de incorporarse al mundo campesino, que es otro de sus amores y otro compañero nuestro. Coincidimos cuatro sacerdotes y entusiasmamos a tres estudiantes de teología en la Facultad de San Esteban en Salamanca. Y le dijimos sí a Don Mauro. Las comunidades, Villoria, Villoruela, Babilafuente y Moriñigo nos aceptaron con mucho cariño. Era un tiempo en el que había expectación. Aparte del tema de Iglesia, también se atendía cultura, jóvenes, entramos un poco de todo.

COPE: Ahí, se pone el germen de lo que ha sido muchas de las actividades que ha habido en la zona de Las Villas: no sólo actividades culturales, recordando la puesta en marcha del grupo de teatro Zaranda, o el germen de lo que fue la cooperativa Las Villas.
R.A.: Sí, trabajamos todos los ámbitos. Yo creo que le pegamos un poquito a todo. Teníamos la casa abierta para los demás y aquí nos iban comunicando todas las inquietudes que había. Entramos al teatro, a la agricultura, a los campesinos, los ancianos, un poquito a todo.

COPE: Cuando decidiste ir a misiones, vamos a otro tipo de misiones diferente.
R.A.: Antes de marchar, yo tuve que salir de la comunidad, pidiendo permiso a mis compañeros, para atender a mis papas, que habían enfermado. Y estuve en el pueblo, en Navarra, de dónde soy. Estuve cuatro años cuidando a mis padres. Cuando murió ya mi mamá, me reincorporé acá en Babilafuente, de nuevo, a mi comunidad. Entonces, otros compañeros de Guatemala y centroamétrica nos pedían ayuda. Total, que nos planteamos de qué manera los podíamos echar una mano a aquellos amigos que estaban trabajando en momentos fuertes en Latinoamérica. Y yo digo “yo estoy recién llegado de atender a mis padres, yo soy el más libre, quizás, por mi circunstancia, el más idóneo para poder participar”. Y así, quedamos. Y así, llegué a Guatemala, dónde he estado catorce años.

COPE: ¿Cómo ha sido la experiencia allí?
R.A.: Primero, estuve de desenterrador y luego de enterrador. Llegué cuando se iba a firmar la paz entre la guerrilla y toda la zona campesina había sido masacrada. Caminaba por las comunidades con mi mochila, y yo veía restos humanos. Fue cuando me enteré de que había cementerios clandestinos. Cincuenta, cien, ciento setenta víctimas, hombres, mujeres y niños. Terrible. Mi primera experiencia fue eso: con toda la Iglesia que establecía la recuperación de la memoria histórica, conmigo tenía confianza, aquí hay un cementerio clandestino, me ponía en contacto con un equipo de antropología forense, fuimos levantando primero las sepulturas y luego las llevamos al centro de antropología en Guatemala capital. Allí, analizaban los restos. Luego, los incorporábamos de nuevo a la comunidad y celebramos con un rito humano y cristiano. Y los enterramos. Así me pasé catorce años en Guatemala.

COPE: ¿Y después?
R.A.: Después, cuando se firma la paz y las cosas se apaciguan un poco. Y un poquito cansado de tanta muerte y tanta violencia. Me llamó mi amigo, actualmente Obispo, Paco, para entrar en la selva. Doce años.

COPE: ¿Y ahora estás con los indígenas?
R.A.: Exactamente, con comunidades nativas.

COPE: ¿Y cómo es ese trabajo?
R.A.: Donde yo resido, se llama Misión Koribeni, y esto es dónde termina los Andes, y dónde se abre la inmensa Pampa de la selva baja. Entre Andes y Selva baja, pero es selva auténtica, selva de montaña. Es un lujo de agua, de cascadas, de vegetación, de animalitos. Una maravilla.

COPE: ¿Y qué haces? ¿Cuál es tu trabajo?
R.A.: Continúo como en Guatemala. Con la mochila en hombro, y visitando comunidades. El sistema de vida de los nativos, hay cuarenta etnias distintas con estos que viven dispersos, algunos tengo a tres días de camino, para visitarles, analizar con ellos la situación de la comunidad. Aspecto secular y aspecto religioso, hablar de Jesús, como que tuvo un mensaje que fue el evangelio. Y luego, el tema de salud. A veces, me acompañaba una enfermera o un doctor para que me acompañen. Y eso es mi tarea.

COPE: ¿Cómo reciben ese mensaje de Dios?
A.R.: Las primeras misiones decían que estos nativos de la selva parecían ateos. Parece que no tuviera experiencia religiosa. Religión formal como la nuestra católica, no tiene. La religión que ellos tienen, es un Dios que es el que sopla, el que inspira.s son un espíritu vivo.

COPE: ¿Respeta el primer mundo a estas comunidades?
A.R.: No ha entrado más mundo occidental a estas comunidades que los misioneros. Hace ciento diez años, estaba el famoso boom, del caucho. Allí, había factorías de caucho. Esclavizaron muchísimos. Desapareció el boom del caucho y la selva siguió en estado puro.

🔊Escucha la entrevista integra a Roberto Ábalos a partir 9 de LA LINTERNA EN PEÑARANDA.

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Herrera en COPE